La falsa elección
En teoría, la democracia ofrece múltiples formas de participación ciudadana. En la práctica, son mucho menos frecuentes de lo que solemos imaginar.
Para la mayoría de los ciudadanos, el momento más visible del ejercicio de sus derechos políticos es el del voto. Con todas las dudas acerca de la imparcialidad y la transparencia de su administración, continúa siendo la principal oportunidad para expresar la voz colectiva.
Después de ese instante, los espacios de participación efectiva se reducen considerablemente. Los partidos políticos han perdido vigencia y protagonismo como intermediarios entre la sociedad y el poder. Las organizaciones sociales, sindicales o comunitarias suelen tener influencia en relación directa con su capacidad de ejercitar presión, más que con su representatividad efectiva. Las instituciones escuchan poco y las decisiones públicas suelen quedar concentradas en círculos cada vez más alejados del ciudadano común.
Es convocado para elegir, pero rara vez es convocado para participar. Entonces, resulta muy importante preservar la libertad de juicio, que es aquello que ninguna autoridad puede otorgar ni retirar.
Por ello, me preocupa lo que ocurre después de una justa electoral, cuando quienes llegan al poder interpretan su triunfo como un respaldo incondicional, como si se les hubiera firmado un cheque en blanco.
No comprenden que haber derrotado a un contendiente, posiblemente considerado peor, no los........
