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El escritor litólatra

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21.09.2026
El escritor litólatra Barrio

Por alguna extraña razón, siento una simpatía irresistible por las piedras. No por cualquier piedra, por supuesto, sino por esas a las que el antropólogo oscense Ángel Gari llama sacra saxas o «piedras sagradas». Tal vez el origen del encantamiento esté en la infancia. En mi Aragón natal sigue más que vivo el culto a la Virgen del Pilar. Allí no solo se venera a la madre de Jesús, sino también a la columna de piedra en la que se cree que puso sus pies hacia el año 40 d.C. La imagen de Nuestra Señora no es lo más celebrado; lo es el óculo que permite besar su fuste de mármol y sobre el que se lee: «Aquí se venera y besa el pilar puesto por la Virgen». Curiosamente, a cuatro mil kilómetros de Zaragoza, en La Meca, los musulmanes profesan una veneración parecida a otra roca. La llaman Kaaba («el cubo»). La esconden bajo una estructura tan blindada como el bajoaltar de la Basílica del Pilar, y los peregrinos acceden a ella a través de un agujero que permite también acariciarla y besarla.

Contempladas desde la perspectiva de mi admirado Ángel Gari, ambas adoraciones beben de la litolatría, cultos a piedras de origen prehistórico. Y la pregunta que lleva toda la vida rondándome, como si en el fondo temiera ser el último litólatra consciente de su condición, surge sola: ¿Por qué nuestros remotos antepasados convirtieron algunas........

© La Razón