El fin del dogma de la bondad de la inmigración masiva
Uno de cada cuatro trabajadores en España (el 23%) ha nacido fuera de ella. En Alemania y EE.UU., países con una inmigración históricamente puntera, son el 19%. Ahora mismo, España es uno de los países occidentales con más trabajadores extranjeros.
¿Es un éxito? ¿Una promesa? ¿Una amenaza? Hasta ahora el consenso entre los economistas era que inmigración, cuanta más mejor, porque siempre acababa generando crecimiento económico y, en fin, prosperidad para los países que la acogían. Ese era el mantra más allá de pequeños inconvenientes que no afectaban a la clase alta y media de empresarios y profesionales, como los académicos que lo defendían.
Esa elite, en cambio, sí se beneficiaba de la oferta de mano de obra extranjera a precio más asequible que la local sin que le afectara la competencia en salarios, vivienda, educación y sanidad públicas que sí consideraban como tal los trabajadores locales menos cualificados. Esas clases bajas, en cambio, debían competir con la inmigración por los mismos puestos de trabajo con el consecuente freno a sus sueldos, o el inevitable encarecimiento del coste habitacional.
Mientras, los empresarios, sobre todo de sectores como la agricultura, la ganadería o la hostelería, donde se requería mano de obra no cualificada como la que proporciona esa inmigración, coincidían en ese consenso con los políticos de izquierdas, que mantenían así un........
