La vida, sin anteojos
Dos personas usan teléfonos móviles. / UPF
Son espacios falsarios con corazones vacíos. Escenarios de artificios en el que unos muchos buscan el escaparate ideal para exponerse. Vivimos conectados a todas horas y, sin embargo, cada vez cuesta más sentirnos verdaderamente cerca.
Tenemos redes sociales para saber qué hace alguien, dónde está, qué ha comido, con quién ha salido, qué aparenta sentir. Podemos conocer su rostro, su historia, antes de escuchar su voz, antes de saber cómo mira y sin haber mediado una sola palabra con esa persona.
Qué contradicción, en mayúsculas, porque creemos que sabemos demasiado de los demás sin llegar realmente a conocerlos.
Las redes sociales nos han acostumbrado a una forma de relación en la que todo parece disponible en tiempo real y perfectamente expuesto. Donde la paciencia no tiene cabida y es vapuleada por la inmediatez. Incluso la intimidad se ha convertido, muchas veces, en contenido.........
