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La última victoria de Santiago Segura

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Carlos Areces y Santiago Segura en un fotograma de Torrente, presidente. / Sony Pictures

Santiago Segura lo ha vuelto a hacer. Ha irrumpido con fuerza en la actualidad cinematográfica, alcanzando unos números de récord en la taquilla. De por sí, esta gesta, dentro de la pobre producción hispana, representa un hito, pero sin desmerecer lo anterior, e incluso se podría entender como su confirmación, la cinta de Segura ha llegado hasta donde nadie lo había hecho. En estos momentos, la película se encuentra en exhibición en una de las catedrales de la progresía.

Torrente, presidente ha puesto una pica en Flandes o, por mejor decir, en las inmediaciones del Retiro, lugar de recogimiento del paraíso progre en la capital del reino. Los Cines Renoir, a un tiro de piedra del pulmón verde de Madrid, son un punto de encuentro de las gentes que se reconocen en el lado correcto de la historia. En los alrededores, no es difícil ver a Elvira Lindo y a su pareja, el novelista Antonio Muñoz Molina, ambos intelectuales orgánicos del régimen, así como a actores conocidísimos de la farándula nacional o a Emilio Lledó, sin olvidar a la presente ministra de Sanidad, Mónica García, quien posee un ático con espectaculares vistas a la arboleda adyacente. En definitiva, desde filósofos hasta titiriteros conviven en un ecosistema bastante peculiar. Pues allí se exhibe actualmente Torrente, presidente, compartiendo cartelera con lo último de Pedro Almodóvar, para que se tome buena cuenta del éxito obtenido por Santiago Segura.

La mayor parte de los residentes de la zona, entre Narváez y Duque de Sesto o la calle Menorca de Madrid, se confiesa y vota, según los datos actualizados del INE, por formaciones progresistas, aunque vayan a trabajar a otros puntos de la ciudad. No hay nada extraño en ello -¡no piensen mal, por favor!-, sólo que el tufo a hipocresía conforme se pasea uno por este distrito llega a ser asfixiante. Quizás sea más acertado expresarlo con las palabras prestadas del poeta ya que resulta menos impactante: «Hay algo enemigo temblando en mi certidumbre», que cantaría Pablo Neruda (véase Tiranía, dentro de la colección Residencia en la tierra, 1933). Decía que no tienen su puesto de trabajo en un lugar tan paradisíaco, sino en distritos menos privilegiados, como Carabanchel, Ciudad Lineal o Moratalaz. Por ejemplo, Ferraz, donde se ubica la sede nacional del PSOE y en la que se emplean bastantes progres, se halla a una distancia prudencial de Narváez. Es como si se quisiera poner una barrera entre lo que se vive y lo que se representa. Y en esto la película de Segura da en el clavo.

La tercera sesión del plenario del Tribunal Supremo en el caso Mascarillas asistió expectante a la declaración de la empresaria Carmen Pano, su hija y el socio y chófer de ambas. Depusieron que llevaron sacas de dinero contante y sonante a Ferraz, hasta 90.000 euros a la sede del «partido de la honestidad», corroborado todo ello por el conductor, que detalló cómo se hacía y el envoltorio preciso que se usaba para trasladar el efectivo. Una imagen muy cutre, degradante y hasta surrealista de la política española, que deja en un eufemismo al propio José Luis Torrente. Pero, lo lacerante, y la posible relación con los Cines Renoir del Retiro, es que parte de esta gente biempensante, que se hace cruces con la corrupción, luego la practica en secreto. Sin embargo, ahora van a poder presenciar en la gran pantalla lo que algunos de ellos ejercitan a diario. Por esta razón y no otra, Santiago Segura ha conquistado el último reducto de la progresía irredenta.


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