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Franklin D. Roosevelt: El infatigable I, por Orlando Viera-Blanco

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_La extraordinaria trayectoria política de Franklin Delano Roosevelt dejó una huella tan profunda en EEUU que terminó provocando una de las reformas constitucionales más importantes del siglo XX_

Recuerdo como todo comenzó en aquellos días de primavera, cuando el aire en Hyde Park aún llevaba el perfume de los manzanos en flor. Yo no era más que un joven asistente, alguien que había llegado por casualidad a su círculo cercano, pero pronto me convertí en testigo de una vida que parecía escrita para cambiar el destino de un mundo tambaleante y convulso.

Franklin Delano Roosevelt no era sólo un hombre. Era una fuerza que se movía entre las sombras de la historia con una sonrisa serena y una voluntad de acero. Hoy quiero compartir con ustedes, testimonios y conversaciones, que cambiaron el mundo, que construyeron un nuevo liderazgo, que hicieron historia.

*De la Polio a Gobernador de NY, _Happy Warrior y New Deal_*

Lo vi por primera vez en su finca familiar, aquel lugar de amplios jardines donde el Hudson serpenteaba como una vena plateada. Franklin tenía entonces poco más de treinta años [nacido el 30 de enero de 1882] recién casado con Eleanor, sobrina del “Tío Ted” [Theodore Roosevelt] prima lejana de quinto grado. Ya cargaba con esa energía inagotable que lo hacía parecer invencible.

Cabalgamos juntos por los senderos y él me hablaba de sus sueños para América. “El único temor que debemos temer es el temor mismo”, me dijo una tarde, sin saber que esa frase resonaría décadas después en bocas de millones. Yo lo acompañaba en sus primeras campañas, viendo cómo su encanto personal conquistaba salones y auditorios. Era alto, de hombros anchos, sonrisa cautivadora, y una voz cálida que parecía abrazar al oyente. Nadie imaginaba entonces que la polio lo golpearía como un rayo en 1921.

Aquella enfermedad fue un capítulo que compartimos en silencio. *Lo vi luchar en su cama en Campobello, sudando, con las piernas paralizadas, negándose a rendirse. “No dejaré que esto me detenga”, murmuraba mientras hacía ejercicios dolorosos en el agua tibia. Yo estaba allí, sosteniendo sus brazos, animándolo cuando el dolor lo hacía apretar los dientes. Eleanor—con su fuerza tranquila—se convirtió en sus ojos y piernas en muchos viajes. Franklin aprendió a usar el hierro y la voluntad. Nunca se quejó abiertamente, pero en las noches largas, cuando el fuego crepitaba en la chimenea, confesaba que esa prueba lo había hecho más fuerte. “La polio me enseñó que la vida no termina con un revés. Se reinventa*”.

Su regreso a la política fue épico. En 1928 ganó la gobernación de Nueva York. Yo lo seguí en aquellos mítines donde la gente lo vitoreaba de pie. “_Si el pueblo cumple su deber con el país, el país debe cumplir su deber con el pueblo_”. Ideas simples que se convirtieron en mega proyectos sociales, urbanos, ambientales y globales. Llegó el año de 1932, una época difícil y dolorosa en que América sangraba por la Gran Depresión. Bancos cerrados, empresas quebradas, granjas abandonadas, colas de hambre, polvo en las praderas.

Franklin subió al escenario en Chicago y prometió un “New Deal”, un nuevo trato para el pueblo olvidado. Ganó por aplastante mayoría. Lo que comenzó con aquel dramático discurso en la Convención de NY [26/6/1924] para postular al Demócrata Alfred Smith Presidente terminó en la épica de un hombre que gano cuatro elecciones consecutivas: 1932, 1936, 1940 y 1944 […] Caminando en muletas al podio con las piernas inmóviles forradas entre cueros, correas y armaduras [la distancia más larga de su vida]; sus manos temblando y sudando grueso, expresó: “Me complace profundamente presentar para su nominación el nombre de Alfred Smith, nombre que basta por sí solo para evocar todas las cualidades de coraje, visión, pensamiento claro y sensato, y la más alta integridad y carácter. El es el “Guerrero Feliz” del campo de Batalla político”.

Esa frase tomada del poema de William Wordsworth........

© La Patilla