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Jesús Armas: Ítaca, París y Caracas

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24.09.2026

Ítaca

Los venezolanos llevamos días pensando en la Odisea. Hay una imagen del poema de Homero que no dejo de recordar, Odiseo sentado en la orilla de una isla, Ogigia, mirando el mar, anorando su casa, entendiendo a profundidad su destino y su verdadera misión. No está en una cárcel. Vive con Calipso, una ninfa que lo cuida, lo quiere y hasta le ofrece la inmortalidad. Lo único que le pide es que se quede. Por otro lado, desde el primer canto los dioses deliberan sobre su destino y, por ende, sobre el de Ítaca. En especial Poseidón, que desprecia a Odiseo y lo quiere ver lejos de su hogar.

La Odisea me parece de las cosas más políticas que se han escrito. El regreso de un líder en el exilio a su casa casi nunca depende solo de él. Depende de fuerzas que parecen más grandes, que tienen sus propios cálculos y apuros. Y muchas veces el que lo retiene no es su enemigo, sino quien le había dado la bienvenida.

Mientras tanto, en Ítaca, los pretendientes del trono se han instalado en el palacio. Se comen el ganado de Odiseo, se beben su vino, cortejan a Penélope y administran la casa como si fuera de ellos. No llegaron con un ejército, pero se quedaron. Y como toda fuerza de ocupación, en el mediano plazo empezaron a parecer normales. Los venezolanos sabemos muy bien cómo se podría sentir eso.

Fukuyama, en su libro Identidad, reflexionaba sobre Platón y el thymos, ese deseo tan humano de ser reconocido. Hoy los venezolanos tenemos esa necesidad, ese deseo de ser reconocidos, que ha sido tantas veces capaz de cambiar la historia. Yo creo que ahí está el fondo de la legitimidad. Un gobierno no es legítimo porque tenga las armas, ni porque sea el pertinente para las potencias. Es legítimo porque la gente lo reconoce como suyo y porque a su vez se reconoce en él. A pesar de los deseos de algunos dioses y de las pretensiones de los usurpadores, los habitantes de Ítaca solo se sentían reconocidos en su rey.

París

El 17 de junio de 1940 un general casi desconocido, de 49 años, se montó en un avioncito en Burdeos y voló a Londres. Francia se estaba cayendo a pedazos. El mariscal Pétain, el héroe de Verdún, le pedía el armisticio a Hitler. Al día siguiente De Gaulle entró a un estudio de la BBC y leyó un llamado a los franceses para que no se rindieran. Casi nadie lo oyó. Ni siquiera lo grabaron. Unas semanas después, un tribunal de Vichy lo condenó a muerte en ausencia.

Así empezó una odisea de cuatro años. De Gaulle no tenía territorio, ni gobierno reconocido, ni más tropa que unos pocos miles de........

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