El naufragio del mártir: Por qué el trauma no es un plan de gobierno, por Iván López Caudeiron
?Asistimos hoy a un fenómeno tan comprensible en lo humano como dañino en lo político: la preocupante brecha que separa el haber sido víctima de un sistema autoritario de la capacidad real para gobernar o legislar. En la dinámica venezolana contemporánea, es habitual encontrarse con liderazgos cuyo único discurso gravita en torno al agravio sufrido, la persecución padecida o los rigores del exilio. Si bien la denuncia y el testimonio de las violaciones a la dignidad humana son fundamentales para la memoria histórica y la justicia, la conducción de un país herido exige competencias muy distintas al mero ejercicio de la queja.
Confundir la resistencia moral con la aptitud gerencial es uno de los errores conceptuales más costosos que la ciudadanía sigue pagando, pues los títulos de nobleza republicana no se obtienen por el tamaño del sufrimiento, sino por la viabilidad de las soluciones.
?Cuando analizamos qué ocurre en la mente de estos actores políticos y por qué caen en un bucle reiterativo de autorreferencialidad, lo primero que salta a la vista es la instrumentalización de lo que llamo el «capital del sufrimiento». Para muchos dirigentes que carecen de una sólida trayectoria académica o de una preparación técnica comprobable, haber pasado por los calabozos del régimen o haber tenido que huir de forma intempestiva del país se convierte en su única moneda de cambio y en su única credencial.
Hablar del pasado y rememorar el trauma es un ejercicio discursivo gratuito que apela directo a la emoción colectiva; por el contrario, diseñar un plan de vialidad urbana, articular soluciones para el colapso de los servicios públicos o estructurar un presupuesto municipal bajo........
