Antonio de la Cruz: Venezuela y la crisis orgánica del populismo rentista
“La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de fenómenos morbosos.”
Antonio Gramsci
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 y su posterior presentación ante la justicia de Estados Unidos cerró un ciclo político, pero no resolvió el problema histórico que ese ciclo encarnaba. El chavismomadurismo no fue únicamente un régimen personalista, sino una forma específica de organización del poder, anclada en la renta petrolera, la movilización populista y la captura del Estado. La ausencia de Maduro no implica, por tanto, la disolución de esa forma de poder. Lo que se abre es una coyuntura que recuerda a una crisis de época: un momento en que el viejo orden ha perdido su capacidad de generar consenso, mientras el nuevo aún no se ha materializado en instituciones, prácticas y un sentido común compartido.
El dilema venezolano no se reduce a la transición de dictadura a democracia, sino a la posibilidad —mucho más exigente— de una transición pospopulista rentista, esto es la superación de una lógica política que ha estructurado la vida pública durante un cuarto de siglo.
El populismo rentista como forma histórica de poder
El populismo, en su versión venezolana, fue una respuesta a la crisis de representación de la democracia puntofijista y a la persistencia de desigualdades sociales. Su rasgo distintivo fue la articulación de una identidad política polarizada —“pueblo” versus “élite”— sostenida por la redistribución de renta petrolera y por un liderazgo carismático que reconfiguró las instituciones como instrumentos de una voluntad unificada. En términos materiales, el chavismo fue un bloque histórico rentista: una alianza entre aparato estatal, sectores militares, redes clientelares y una base popular integrada mediante transferencias y símbolos.
Con Maduro, ese bloque se transformó. La fuerte caída de la renta petrolera, las sanciones internacionales y el colapso productivo erosionaron el fundamento material del consenso. El populismo degeneró en una forma de dominación sin hegemonía, sostenida por coerción, economías ilícitas y fragmentación de élites. Lo que emerge tras su captura es un fenómeno inédito: un populismo sin líder, administrado por una coalición burocrático-militar que busca estabilizar el orden sin desmontar sus fundamentos autoritarios.
Autoritarismo reconfigurado y tecnocracia sin........© La Patilla
