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Alfredo Álvarez: La gran inconsistencia de un diálogo de sordos

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29.01.2026

Urgida por la presión internacional la actual regente del gobierno, llama al país político y seguramente al país nacional, a conciliar sus diferencias, así como a desarrollar un genuino acercamiento signado por “el respeto a la diversidad y el pluralismo”. Lo suyo es, qué duda cabe, una retórica que avanza asistida con las muletas de “unas buenas intenciones”, pero que luce revestida y demeritada, por las reservas de quienes apreciamos muy poca sinceridad en ese propósito.

En la comisión que fue designada a tal efecto, no se incluye a ningún representante del bando que mayoritariamente los adversa, al menos 7 de cada 10 venezolanos, un detalle que anula la iniciativa. Deliberadamente se ignora a un sector el cual, por una obligación práctica -además de lo moral, lo político, y lo estratégico- debe estar representado en ese opaco espacio concebido en Miraflores. Solo así, se podría adelantar una negociación que exige y requiere ser vista como algo serio y complejo.

La oferta la precede un onanismo político fundamentalista y caótico. La expresión es una metáfora peyorativa y altamente crítica, usada en el lenguaje político y periodístico hispanohablante, especialmente en América Latina y España para calificar comportamientos o actitudes políticas que se caracterizan por su autocomplacencia, su patética esterilidad, así como por una introspección narcisista. Por la ausencia de resultados concretos, o de una interacción efectiva con la realidad, o con los otros actores.

La comisión está dominada por militantes y funcionarios del gobierno chavista o alineados con el PSUV. De los 14 integrantes identificados, al menos 7 son ministros, diputados o agentes estatales como el caso de Ernesto Villegas quien funge – o finge – como su coordinador. Nuramy Gutiérrez ministra de Salud, Ángel Prado ministro de Comunas, Larry Devoe agente de DDHH, Génesis Garvett diputada, Francisco Garcés profesor ligado a la UCV bajo control gubernamental, y Gustavo Canchica vocero de los llamados jueces de paz. Solo unos pocos son independientes o no gubernamentales, como Michael Penfold -politólogo del IESA. No así, Ricardo Cusanno empresario y expresidente Fedecámaras, presidente de la Cruz Roja de Venezuela y activista del Foro Cívico. Gerson Gómez (emprendedor), Indira Urbaneja activista pro-gobierno, con ínfulas de porno star, Lanking González movimiento vecinal, Ana María Sanjuán designada secretaria ejecutiva y Miqueas Figueroa un supuesto director cultural. Esta estructura limita la diversidad real y favorece el control gubernamental, convirtiéndolo en un «equipo rígido», sin mecanismos independientes de facilitación o supervisión externa.

La apertura de un diálogo entre pares interpares, con el determinado fin de conciliar un espacio político en este momento -y para poder entenderse- en mi opinión debe partir del reconocimiento del delito electoral que se cometió el 28J y avanzar hacia su completa restauración. Se debe asumir, que lo continuado a partir de ese evento, es un absoluto despropósito político, una travesía de ilegalidades que cerró precisamente toda salida política a la grave crisis institucional que deprime y reduce a la sociedad venezolana desde hace ya varias décadas. Ese reconocimiento, servirá precisamente, como el preámbulo a lo que debe ser esa sociedad plural, diversa y respetuosa, a la cual se refiere la regente del gobierno cuando formula su incordial invitación.

Aunque se declara «abierto a cualquier venezolano de bien», no hay protocolos claros para incorporar voces disidentes o criterios para su selección, lo que excluye a los personajes críticos. Además, el plan de 100 días carece de indicadores medibles o de una auditoría independiente, lo que debilita su imprecisa capacidad para generar resultados concretos en lo que respecta a la estabilidad política. Al ser coordinado por el ministro Villegas, depende directamente del Ejecutivo, lo que erosiona su autonomía y lo expone a sectarias interferencias partidistas.

Se promueve como «plural y diverso», pero su esencia es unidireccional, priorizando la «convivencia» bajo términos gubernamentales sin abordar la causa raíz, como la represión pasada, la inhabilitación de opositores, así como la comisión de los infames delitos electorales. Esto refleja un enfoque conceptual superficial, donde el diálogo se usa como la retórica necesaria para «consolidar la democracia sólida» sin cuestionar el legado autoritario, lo que Michael........

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