La idiosincrasia del vivo
Hay una frase que, aunque pronunciada con orgullo en muchas conversaciones cotidianas, debería avergonzarnos como sociedad: "el vivo vive del bobo". La repetimos con una naturalidad inquietante, como si representara una virtud de inteligencia y no un síntoma profundo de deterioro ético. Quizá el mayor problema no sea la existencia del "vivo", sino la admiración que despierta. En buena parte de América Latina hemos terminado confundiendo la astucia con la integridad, el oportunismo con la inteligencia y la capacidad de incumplir las reglas con una supuesta habilidad para sobrevivir. La cultura del atajo ha desplazado lentamente la cultura del mérito. (ya hablamos una vez de la copia triple A)
El economista e historiador Douglass North, premio Nobel de economía (1993), sostenía que el desarrollo de los países depende tanto de sus instituciones formales como de sus instituciones informales: las costumbres, los valores y las normas sociales que regulan el comportamiento colectivo. Desde esa perspectiva, el verdadero obstáculo para el progreso latinoamericano no siempre está en las leyes escritas, sino en las reglas invisibles que aceptamos diariamente.
Cuando normalizamos colarse en una fila, evadir impuestos, sobornar a un funcionario, copiar en un examen o incumplir un contrato, estamos fortaleciendo precisamente esas instituciones informales que impiden el desarrollo. Recientemente, en Medellín los médicos más prestantes se convirtieron en un concierto para delinquir al usar alta tecnología........
