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El teletrabajo y su repercusión de vida familiar y urbana

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18.06.2026

Durante años, el teletrabajo fue visto como un privilegio reservado para unos pocos o como una medida excepcional para enfrentar una crisis. La pandemia aceleró su implementación y obligó a millones de trabajadores y empleadores a descubrir, muchas veces a la fuerza, que gran parte de nuestras labores podían realizarse sin recorrer kilómetros diarios ni permanecer ocho horas bajo la vigilancia de una oficina tradicional. Sin embargo, apenas superada la emergencia, surgió una especie de nostalgia corporativa por el reloj y el escritorio, como si la presencialidad fuera, por sí sola, sinónimo de productividad.

Hoy tengo una percepción distinta. No desde los estudios estadísticos ni desde las teorías organizacionales, que abundan, sino desde la experiencia más cercana: mi propio hogar.

Mi esposa se encuentra actualmente desarrollando sus funciones bajo la modalidad de teletrabajo y he sido testigo directo de una transformación que merece ser contada. Lejos de convertirse en una trabajadora distraída o menos comprometida, se siente más eficiente y más eficaz. Organiza mejor su tiempo, concentra su energía en aquello que realmente agrega valor y ha eliminado buena parte del desgaste invisible que suponía trasladarse diariamente a su lugar de trabajo.

Pero quizá el cambio más importante no aparece en los indicadores de........

© La Opinión