Frente a los tapices de la Catedral (I)
Tapices de la Catedral de Zamora. / Archivo
La belleza siempre le había fascinado. También, el oscuro mundo de las pasiones. Por ello, el brutal combate que aqueos y troyanos mantuvieron durante diez largos años por una hermosa mujer le cautivó de inmediato.
Desde que tuviera conocimiento de la gesta cantada por Homero una fuerza interior le empujaba a perpetuar las fatigas de los esforzados guerreros aqueos en torno a Troya. A este fin dejó quehaceres y obligaciones y en la obsesiva búsqueda del verso definitivo el poeta olvidó, incluso, el descanso y con frecuencia el necesario alimento.
Los días y las noches se sucedían fieles a su ciclo de alternancia, pero él no prestaba atención........
