Nadie se construye solo
Zamora. VI Premios Talento / Archivo
Durante demasiado tiempo nos han vendido el talento como si fuera una condición mágica.
Una gracia divina que cae sobre unos pocos elegidos. Una coartada perfecta: lo tienes o no lo tienes, y a partir de ahí todo queda decidido. Es una forma elegante de simplificar la vida: si triunfas, era inevitable; si fracasas, también. Así nadie tiene que hacerse preguntas incómodas.
Pero la realidad es bastante más fastidiosa. Mucho más.
Durante algunos años, El indomable Will Hunting se convirtió en mi película favorita. Recuerdo la primera vez que la vi. Salí del cine con la sensación de haber entendido algo que rara vez se explica bien: el talento, por sí solo, no sirve de nada. El ingenio sin oficio es humo. Y el oficio sin dignidad, simple servidumbre.
Will es un joven huérfano que creció en un barrio obrero del sur de Boston, marcado por el maltrato constante durante su infancia. De aquel entorno aprendió pronto dos reglas: la primera, que la única manera de no perder es no pedir; la segunda, no dar tregua jamás.
Porque ceder implica bajar la guardia, y bajar la guardia significa exponerse, arriesgarse a la derrota y salir herido. Dos leyes que sirven para........
