Las viejas columnas del sentido
Las viejas columnas del sentido / L.O.
Hubo un tiempo en que el mundo no necesitaba explicarse a sí mismo porque todo era duradero, casi inmarcesible, y tenía un sentido que no estaba cuestionado ni escrito ni defendido por ninguna teoría, pero que todos creían o parecían comprender. Aquel sentido estaba hecho de gestos unánimes, de costumbres y ritos, de símbolos y de fidelidades. No era una teoría, era solo una forma asumida de cumplir con el rol de la supervivencia.
Desde que el mundo es mundo, los seres humanos se despertaban cada día sabiendo más o menos para qué estaban vivos, incluso para quién vivían o para quién amaban y para quién tenían hijos y hacían el amor. Ese saber procedía de ciertas creencias silenciosas y obstinadas que daban a la vida una estructura invisible. Cosas humildes y firmes que sostenían la experiencia entera de estar vivo.
Los primeros territorios
La familia, era una de ellas, el primer territorio, la primera frontera antes de que existieran los países. El lugar exacto en que había una mesa en la que alguien partía el pan y ponía la loza para los demás. Y sobre todo era el marco adecuado para la continuidad misteriosa de la sangre.
El trabajo, entendido como........
