El sol tranquilo del invierno
Paísaje de un atardecer invernal / L.O.
Me gusta el sol tranquilo del invierno. Así: después de haber llovido. Así: cuando baña las ramas mojadas y desnudas de los árboles. Así: cuando sale y arrambla con el gris y se lo lleva o lo borra. El sol resucitado. Ese calor fugaz que es casi un alimento. Ese fulgor limpio que emerge cuando las nubes se abren y el cielo recupera su azul de porcelana fría. El sol de cuando la luz más pura cae de pronto sobre el mundo y estalla con una especie de claridad casi eléctrica sobre el asfalto y las piedras y las aceras y los escaparates de las mercerías. Es tan hermoso el sol en los escaparates de las mercerías y de las tiendas de ropa.
Cuando yo era pequeño había una mercería en la calle Mayor donde al mediodía daba muy bien el sol en las bobinas de hilo y en los botones cosidos a un cartón. Cuando sale así el sol, lo pone todo como recién parido o barnizado y el cielo entonces se duplica en los charcos y en los ojos de la gente. El sol tranquilo en los muros de piedra henchidos de humedad brilla con una intensidad que el verano no alcanza a imitar. Y todo entonces es un cristal muy puro lleno de un fulgor que parece haber sido traído desde Oriente. Un aire gélido que lo vuelve todo más real y más neto, incluso más........
