Amérika
Imagen reciente del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. / Octavio Guzmán - EFE
América se llama porque la Historia, a veces, tiene el capricho de hacerse trampas a sí misma, y este es uno de ellos. Y es tener por nombre el de un avispado vividor, y no el de quien la descubrió, aunque fuera por puñetera casualidad en busca de las Indias... Si así no hubiera sido, el movimiento/invento de Trump, MAGA, sería otro más ilegible, como MCGA, que es más fórmula para una mente enferma. Pues serían las siglas de Make Colónica Great Again, ya que haría de Colónica el imperio universal que quiere construir, mientras se entretiene en perseguir y asesinar a ajenos e inmigrantes, a pesar de ser él mismo nieto de uno alemán... Incluso, si quisiéramos rizar el rizo, podríamos decir que hace lo mismo que su antepasado, Hitler, también inmigrante austriaco, hizo con los judíos... Incluso en ambos casos, con un brazo armado como policía paralela de camisas pardas asesinos.
Pero vamos a lo que íbamos: la tal América vino de otro tal Américo Vespucio, florentino, nacido en 1454, de familia acomodada, viviendo como un playboy, que, cincuenta años después de que un tal Colón, genovés, y marino por cuenta de España, descubriera las tales tierras, y se expandiera por el mundo el hallazgo, al bon vivant le dio por escribir unas narraciones inventadas, poniéndose a sí mismo como protagonista de unas andanzas que jamás anduvo... "Mundus Novus" la llamó, pero nunca las pisó. Aunque para los reyes de Castilla sí que trabajó... de armador de barcos y organizador de viajes; una especie de constructor y guía turístico a la antigua usanza para que no le faltara la pitanza.
Luego, después, el autor del primer mapamundi, un cartógrafo belga, un tal Waldseemüller, le encasquetó América, no sabemos si por ignorancia, o por joder, si bien yo creo que lo segundo, ya que, pasados un par de años, pidió disculpas por "confundir mentiras con verdades", dijo, y cambió sus mapas de por el de Terra Incógnita, siguiendo sin reconocer a don Cristóbal por ningún lado... Naturalmente, buena parte de culpa la tuvieron los monarcas hispanos y el propio genovés, que siguieron llamando Las Indias a la tierra descubierta; todo un señor continente, como se fue comprobando con el transcurso del tiempo.
De ahí que nunca nos hemos preguntado por qué sus nativos naturales fueron conocidos por "indios", y no a los americanos artificiales importados. Pero de tal casta les viene a tales galgos... Todo este entramado de pequeñas historias de la Historia, lo cita con guasa el lingüista Martín Caparrós quitándole importancia, diciendo que igual a su tierra la llaman Argentina (argentum, plata) cuando allí jamás la hubo; y él nació en Buenos Aires, donde, según afirma, casi nunca lo hace, y mucho menos bueno... Pero, bien, al menos sabemos por qué los USA se llaman americanos y no colonanos, como debería ser si fuéramos serios... Y de ahí a la canción "Americaaaanos" de Lolita Sevilla en la película de culto "Bienvenido, Mister Marshall", en la que también se nos pintó a todos, tal y como éramos... y el porqué de cómo somos.
Y volviendo a la actualidad más atroz, el amerikano, importado e impostado, que reivindica esa americanez de far west, de chulos y pistoleros, de provocadores y robavacas; ese tal Donald que exige el Nobel de la Paz encendiendo la guerra, ha atropellado la legalidad internacional, como el tirano ególatra en cuyas manos hemos puesto el mando del mundo porque así lo hemos permitido... Se ve que lo de dictador violento va en la raza del perro. Este chillón desaforado y ridículo con pelo de panocha, mueve a risa tanto como el tentetieso cabezón calvo de Mussolini, el pequeñajo de pelolaca y bigotillo de Hitler, o el retaco culón de voz aflautada de nuestro generalísimo.
Pero, al final, hacen temblar y llorar, pues son monstruos inhumanos sedientos de poder, que han de conseguirlo pasando por encima de todo... Cuando la humanidad se pone en manos de esos espantosos payasos, no es ya solo que se está perdiendo la dignidad, sino que estamos también dando la espalda a toda escala de valores éticos y humanos, a los que nunca, jamás, deberíamos rehusar. Hay expertos de salud mental que se atreven a decir que Trump es un narcisista maligno. Sabíamos los significados de ambas palabras, pero no las habíamos puesto juntas. Y, es cierto, se encaran en ... como se encaran en muchos otros, que le bailan el agua y se han hecho títeres suyos: Milei, ErdoganNetanyahuOrbánMeloniAbascal...
Incluso como la "quintaesencia del mal" le he leído a Rosa Montero citando a profesionales de psicología de prestigio de la propia OMS... En Psychology Today aún dicen de él que tiene el coeficiente intelectual de un mandril... Vale, de acuerdo, pero, ¿quiénes lo han elegido en urna y lo ha puesto a gobernar?.. Creo que nosotros, todos nosotros, desde los europeos a los amerikanos del norte y del sur, pasando por Asia y África que ya tenían a los suyos... Es como si un virus letal hubiera inducido al suicidio de las democracias, que, al fin y al cabo, es el único sistema que podría lograr no retrotraernos al Planeta de los Simios, pero que ha demostrado ser tremendamente frágil.
Sin embargo, en su fragilidad, ha tenido, hasta ahora, su fortaleza. Todo ha estado en la lógica, el respeto y el sentido común; y en el diálogo constante dentro de la tolerancia... Ahora el gran mono amarillo quiere cerrar la ONU y abrir un conciliábulo bajo su mando (ya ha colocado a Melania, su esposa, al frente del Consejo de Seguridad de esa ONU)... ¿lo logrará?.. Bulwer Lytton escribió en 1839 que "la pluma es más poderosa que la espada". Sí, es una hermosa metáfora; el símbolo del conocimiento sobre la barbarie y la animalidad; de la cultura sobre toda brutalidad y el abuso; del intelecto sobre el odio... Sin embargo, la respuesta que estamos dando solo contiene cobardía, sometimiento y miedo. Y eso apunta hacia atrás, no hacia delante...
