Donde el azahar se borda en azul
Manto de la Virgen de los Dolores de Lorca, iglesia de San Francisco. Hermandad de Labradores, Paso Azul. / Belén Unzurrunzaga
Murcia. Azahar, luz, sillas en las calles. Caramelos, monas con huevo duro y habas reparten los nazarenos. Callejear, estantes vestidos de su cofradía; te encuentras al andar poco antes de escuchar a las puertas de su iglesia: procesión a la calle. Alegría, compartir, incienso, arte en movimiento. Domingo de Ramos, verde, el color de la esperanza de San Pedro. Rafa y Ana, su devoción y generosidad, un regalo. Un Cristo, una Virgen Dolorosa y un San Pedro de Salzillo, los hermanos Martínez Cava y el Cristo de las Almas. Un encuentro desde un lugar que emociona, la entrada de los tronos de vuelta a su casa. Amigos estantes, el peso sobre sus hombros, cargar a la murciana.
Lunes Santo magenta, cofradía del Perdón, San Antolín, el besapiés. Un vermú o tres, cebolla con anchoa, buñuelo de bacalao en donde Pedro y Luis. La procesión, más amigos estantes, caramelos, saludos y sonrisas, más incienso. Callejear, Inma y su cámara de fotos. Volver a Luis a cenar morcilla de pellizco y una patata con ajo. Ver la recogida y un encuentro emocionante, chocolate con churros, el Cristo del Perdón; el rey de San Antolín entra en su casa, se cierran las puertas hasta el año que viene.
Miércoles "colorao", la luz sobre el puente de los Peligros es especial, ríos y ríos de nazarenos. Las calles a rebosar de gente, los niños piden caramelos. Amigos estantes, el esfuerzo en sus caras, sus hombros y piernas; verles llevar los tronos en la curva de la plaza de San Bartolomé hacia Santa Catalina impresiona.
Jueves Santo, Murcia; bullicio en las calles. Por la tarde, cita obligada: iglesia de Nuestro Padre Jesúsplaza de San Agustín; los auroros cantan salves, se arregla la palmera del trono de Salzillo, "La oración en el huerto". Tradición para nazarenos y visitantes. Anochece, luna llena, silencio, luces fuera; la sombra del crucificado se refleja en la iglesia de San Lorenzo.
Lorca, Viernes Santo. Nervios, mis raíces, las ausencias, los reencuentros. Un pañuelo azul, subir a San Francisco, entrar como cada , admirar la belleza. La Madre de todos, la Virgen de los Dolores, acordarme de la mía y sentir el mismo puñal clavado en el corazón. Continuar tradiciones, volver al Nogalte, la sonrisa de Antonio. Enrique, Andrew, María, Kiko, Isa. Este año sumamos amigos a la familia.
Abrazar a mi querido Pepe, pregonero de la Semana Santa de Lorca; suyas son frases tan bellas como: "El origen es una vela encendida. El color antes que la voz. Lorca existe porque se borda". Recogida de banderas en la Corredera, ríos de blancos y azules; no trates de entenderlo, tienes que vivirlo. Comienza la procesión, un año más en el mismo sitio, el mejor, junto a los de siempre. Voces que se unen para gritar: "¡Viva el Paso Azul!, ¡viva nuestra madre!". Ilusión y unidad; cada Viernes Santo es un triunfo azul. Este año, con el estreno del carro del Ángel Caído, actualiza y refuerza el conjunto del Triunfo del cristianismo, eje simbólico de nuestro cortejo.
Pepe en su pregón decía: "Lorca es una ciudad con dos madres", y antes de acabar el Viernes Santo sucedió: Dolores salió al encuentro de la Amargura y durante escasos minutos Lorca vivió un momento único, el colofón fraterno para nuestra pasión diferente.
La Semana Santa es eso: tradición, raíces, olor a azahar, color, sentimiento, ausencias y emoción. Algo que no se puede explicar, algo que merece la pena vivir. Cada Semana Santa es única, es la nuestra, la que nos llega, la que nos toca. La que nos transporta a la infancia, a nuestra historia.
Acaba un año más otra Semana de Pasión, una semana en la que he descubierto lo arrebatadora que está Murcia en primavera y donde he vuelto como cada año a conectarme con mis raíces, con mi madre, con mis abuelos, con mi sentimiento azul y su paso me acoge y me cuida cada año como una más. Es hora de decir adiós hasta el año que viene. Es tiempo de saludar y abrir la puerta a la semana más huertana y sardinera del año. Ojalá tú, que me lees desde cualquier otro lugar, un día vivas lo que esta bonita tierra ofrece.
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Donde late el silencio
Han sido muchos los años que he vivido de espaldas a todo, enfadada, triste y sin querer mirar a mi alrededor. Hoy, después de sanar, miro con otros ojos, con ganas de descubrir y compartir la devoción y el respeto por nuestras tradiciones. Gracias a los que me habéis enseñado estos días un pedazo de vuestra historia, aquí tenéis un trocito de la mía. Lorca os espera en Semana Santa para que veáis a los azules triunfar.
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