Dos unicornios
Zapatillas de felpa / L.O.
Durante siglos, los reyes pagaron fortunas por los cuernos de un animal que nunca había tenido la delicadeza de existir. Entre relicarios y otras vanidades de la inmortalidad custodiaban colmillos de narval, un cetáceo que nadaba entre los hielos del Ártico mientras Europa le inventaba una biografía mitológica y tasaba su dentadura. Había que darle hueso a la fantasía, hacerla entrar en las cuentas de palacio. Y no sé qué resulta más extraordinario: la fe en aquel animal o el empeño de ponerla sobre una balanza.
En mi casa hay dos. Son zapatillas de felpa, con unos cuernos tan modestos que difícilmente habrían impresionado a sus antepasados de palacio. Se las regalé medio en broma, para conquistar las tierras ignotas de un piso que hasta entonces solo reconocía mis costumbres. Los viejos bestiarios explicaban con minucia cómo atraparlos. Tan ocupados estaban en demostrar que existían que olvidaron preguntarse........
