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La claridad no basta

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26.06.2026

Les propongo tirar de los mimbres de una pequeña tragicomedia filosófica estival en tres actos y una especie de catarsis aristotélica como colofón. Sus momentos son: en la playa, en el ascensor del garaje; al despertar; y coda final: la claridad no basta. Mi artefacto pretende, una vez más, examinar las complejas relaciones entre la Diosa Razón y la implicación en la vida de emociones y sentimientos ahora que ya empieza a apretar el calor, se nublan las seseras y no pocos tribunales de justicia.

Una ventosa mañana de junio levanté la mirada y me encontré con la de Picasso y la mejor de sus sonrisas incisivas y oceánicas en la playa de Los Álamos de Torremolinos. No era Pablo en un Poltergeist, sino Ricardo, un músico autodidacta con más de trescientos temas registrados, que fue de niño y adolescente pescador en el barrio de Huelin y aprendió todo lo que hay que saber de los vientos en Huelva, para convertirse luego en calderero malagueño. Ricardo, como lo debió ser a todas luces el alegre Ricardín, no puede ocultar que es un humano generoso, cocido en la fragua de la música. Abraza con sus gestos el azul del Mediterráneo y el sabor altivo de los espetos, los chanquetes y los jurelitos que preparaba su madre en emblanco que aturde las papilas gustativas del pescador orgulloso de su empresa y, sin saberlo, ha nutrido el timbre y la paz de la voz del músico. Es un rapsoda vibrante que gira gracias al espacio que dibuja la humanidad enraizada de Inma, su compañera, su canción, su todo. Esta pareja malagueña es una bendición. Su rastro solidario no ha dudado en socorrernos en el momento en el que nuestra enorme sombrilla gris parecía querer emprender el vuelo con el poniente, impidiéndome coser estas palabras. El hecho de volcar el mástil con destreza y añadir en el frontal el contrapeso de la arena es el mejor de los regalos marengos para el escritor confeso de un nativo que aprendió el lenguaje de los vientos al poco de nacer. ¿Son ya valores de otra época? ¿Será verdad? ¿Y qué papel desempeña la música en este feliz encuentro, fruto de una nueva especie de ‘afinidad electiva’ a lo Goethe o ‘entrelazamiento cuántico’, como le gusta decir a mi amigo Tomás García, editor de la prestigiosa revista electrónica cultural ‘Café Montaigne’? Recuerden que mis padres fueron y son músicos, y estas pasiones no........

© La Opinión de Málaga