menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Política de humo e incienso

27 0
19.04.2026

Política de humo e incienso. / l.o.

Hay algo profundamente británico -y por tanto elegantemente irónico- en esa vieja costumbre de agradecer mucho sin deber nada. Dar las gracias con educación exquisita mientras se mantiene intacta la convicción de que uno ha hecho, en realidad, todo el trabajo.

Málaga, en su Semana Santa, ha perfeccionado ese arte hasta convertirlo casi en patrimonio inmaterial. Porque sí, conviene empezar por lo evidente y es que la política, bien entendida, es necesaria. Y no pasa nada por decirlo en voz alta, aunque a algunos les chirríe. La Semana Santa, tal y como hoy la conocemos, no podría sostenerse sin una relación fluida -y en muchos casos ejemplar- con la administración pública.

La política municipal, la de proximidad, la que baja al barro sin necesidad de hacer ruido, cumple un papel esencial. Desde lo aparentemente menor -un permiso, una valla, una farola que se apaga a tiempo- hasta lo verdaderamente complejo -la seguridad, la limpieza o la coordinación de una ciudad que durante una semana deja de ser ciudad para convertirse en otra cosa-. Málaga se transforma, y esa transformación exige gestión. Y la gestión, aunque a algunos les sorprenda, es política.

Conviene, por tanto, reconocerlo con naturalidad. El Ayuntamiento está, ayuda y responde. Y lo hace, en términos generales, bien. ¿Es mejorable? Por supuesto. Todo lo humano lo es. Pero negar la evidencia por sistema o por buscar un aplauso fácil o un minuto de gloria en una tertulia cofrade sería tan injusto como innecesario.

Ahora bien, dicho esto -y aquí empieza lo interesante-, conviene no perder de vista el equilibrio. Porque si algo define a la Semana Santa de Málaga es que........

© La Opinión de Málaga