47 cuerdas
Virtuosa tocando un arpa, instrumento con 47 cuerdas / L.O.
Los ojos leen: «necesitamos a técnicos e ingenieros, no a gente que toque el arpa» y me quedo quieta en el sitio. No entiendo muy bien cómo me siento ni por qué existe ese impacto repentino, así que tomo un sorbo de café. Miro a la gente pasar por el ventanal de la cafetería, parece que caminan hacia atrás, rebobinando. Sin querer, mi mente se ha trasladado a la cama de hospital junto a mi hermano, a esa época en la que quedó ciego como efecto secundario (y revelador) de la quimioterapia. Decía que nos oía pensar.
La capacidad de humanizarnos ha llegado a mínimos insospechados. Lo del arpa no es una idea aislada, es el síntoma de la naturalidad con la que esa idea circula a mi alrededor y en nuestras entrañas. Ni que fuera un lujo tener inquietudes. La completitud que somos adelgaza ante una lógica que solo entiende de rendimiento, utilidad y productividad. Tenía la piel muy fina, el estómago devastado por los fármacos y los sentidos amplificados hasta rozar lo insoportable. Ni el intelecto ni la razón. Los sentidos. Todo al máximo salvo........
