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Samuel Trabanco, gerente de Sidra Trabanco: "Perdí la voz durante 6 años cuando el banco nos dejó sin un duro por culpa de un crédito de 175 millones de pesetas"

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05.07.2026

Samuel Trabanco, gerente de Sidra Trabanco: "Perdí la voz durante 6 años cuando el banco nos dejó sin un duro por culpa de un crédito de 175 millones de pesetas"

"Cuando voy a Madrid me pongo a cantar con los que tocan en el Metro y no me da vergüenza; ese soy yo", cuenta el conocido lagarero

Samuel Trabanco se asoma entre varias botella de sidra. / Marcos León / LNE

Samuel Trabanco Menéndez (Gijón, 22-9-1959) es aún el gerente de la empresa sidrera que lleva el apellido familiar. En estas memorias repasa una trayectoria siempre ligada a la bebida regional y confiesa su inmensa pasión por la música.

"Nací en Llavandera, porque de aquella parían en casa. Mi padre era Samuel Menéndez Blanco y mi madre Alicia Trabanco Martínez. Yo intercambié el orden de los apellidos para no perder el Trabanco. Soy el mayor de tres hermanos. Nacimos en casa de mis abuelos, de Emilio Trabanco, que fue el fundador de Sidra Trabanco donde está ahora, aunque sus padres ya tenían un pequeño llagar en el barrio de la Bobia. Llavandera era la parroquia rural más rural de Gijón. Aún lo sigue siendo hoy, pero entonces era la aldea profunda. Casi no subían los vehículos allí. Pasé la infancia entre vaques y huerta y pumaráes. Los veranos a la hierba, los otoños y hasta avanzado el invierno pisando manzana dos horas antes de ir a la escuela, y cuando llegaba la primavera, ayudar en el llagar a lavar botellas, al salir de la escuela. Estudié en la escuela de Llavandera. Doña Paquita era la profesora y de aquella éramos como unos 50 críos. Hoy debe haber 5 en toda Llavandera. Con ocho años ya íbamos a ayudar a pañar manzanas y echábamos el día por la pumarada. Tendría yo diez o doce años y mi abuelo dábame los fines de semana dos duros por cada saco de manzana que pañaba. Y como era el mayor, también me daba los dos duros por los sacos de mi hermano y mi hermana y yo a ellos les pagaba uno y ganaba otro yo; yo era su representante ya. No había agua de aquella en la cuadra, había que llevar las vacas a beber al río, a un kilómetro. También era donde nos duchábamos. Y del pozo sacábamos el líquido para lavar los toneles y las botellas. El agua a las casas llegó sobre el año 65 o 70".

"Una vez que terminé los estudios primarios a los 14 años yo ya era el ayudante de mi tío para todo en el llagar. A embotellar, al reparto acompañándolo a él o a mi padre en el camión hasta que saqué el carnet, a cargar manzana, a todo lo que hubiera que hacer. Repartíamos por Gijón, por Villaviciosa, por La Felguera y Sama, por Avilés. Empezábamos a corchar en febrero o marzo y para mayo o junio ya terminábamos la sidra".

"Quedaba tiempo para salir los jueves al baile. Los jueves........

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