La invasión de los racistas
«A una que tocó a la puerta mientras estaba pasando consulta la eché. Yo ya tengo una edad y no tengo por qué aguantar a maleducados», me espetó, este jueves, el doctor antes de que me diera tiempo a sentarme frente a su escritorio. Le respondí que me parecía estupendo que nos dedicase el tiempo que necesitásemos y que por esa razón suelo acudir a mis citas médicas con el ordenador, para poder trabajar si tengo que esperar. Aparentemente satisfecho con mi respuesta, abrió mi historial y comprobó que habían pasado tres años desde mi última visita a ese hospital privado, cuando un colega suyo me diagnosticó intolerancia a la lactosa. Sin que yo hubiese revelado aún el motivo de mi consulta, comenzó a exponer que había que ver si era una intolerancia primaria o secundaria, lo que podría ser resultado de una infección o de alguna enfermedad, como varias que enumeró hasta nombrar una sobre la que apostilló: «Pero esa no existe aquí. Existe allí, en Marruecos, donde están los que nos están invadiendo». Lo dijo moviendo la mano en dirección al sur, a los 90 kilómetros de Mediterráneo que nos separaban en línea recta del continente africano. Durante unas milésimas de segundo repasé mentalmente si aquel hombre, de unos sesenta años, me acababa de decir lo que acababa de escuchar. Respondí: «Perdone, pero no voy a aceptar comentarios racistas». Lejos de rectificar, él insistió: «¿Cómo? Eso no es racista. Nos están invadiendo. Mire Ceuta». Mientras me levantaba, le expuse el motivo: «Igual que usted no tolera atender a pacientes maleducadas,........© La Marea
