La escala de la euforia - El último de la banca
A las 20:22 horas del 30 de junio, cuando Julián Quiñones anotó el primer gol de México ante Ecuador en el Mundial de 2026, un sismógrafo de la red privada Raspberry Shake registró unas vibraciones en el barrio de Santa Úrsula. Aquello no era un temblor. Era el impacto de la euforia de miles de aficionados en el estadio Azteca.
Hace tiempo que la ciencia intenta explicarnos fenómenos en el futbol que, en apariencia, escapan a lo racional o cuantificable. ¿Cómo medir los territorios de la pasión? Se han medido los decibeles que se producen en los momentos de mayor emoción en los estadios, estudios para establecer cuántas personas se necesitan para iniciar una ola y la velocidad a la que recorre las butacas. También, como en este caso, los pequeños movimientos sísmicos que provoca una multitud enardecida por el juego.
Raúl Rojas González, matemático y economista, aborda este fenómeno en su libro El futbol bajo el microscopio. En un partido de la Liga de Campeones en 2017 –escribe– un sismógrafo ubicado a 500 metros del estadio Camp Nou registró los movimientos que provocaron los goles de una jornada delirante entre el París Saint Germain y el Barcelona.
El partido se recuerda como una de las grandes........
