Por el bien de todos, primero los profes… también
En la lucha histórica de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se cultiva uno de los laboratorios semióticos de combate más fecundos de la historia contemporánea mexicana porque exhibe, con singular nitidez, la disputa material por la producción de sentido en una sociedad atravesada por los peores antagonismos estructurales del capitalismo. No se trata únicamente de una confrontación gremial, ni de una secuencia caprichosa de demandas salariales o administrativas. Lo que emerge en cada movilización, en cada plantón, en cada asamblea, en cada consigna y en cada acto de resistencia organizada es una batalla por la significación social del trabajo educativo, por la legitimidad de las formas democráticas de representación colectiva y por la capacidad de los sectores populares para convertirse en sujetos conscientes de su propia historia. Allí donde los aparatos ideológicos dominantes procuran reducir la experiencia política a la obediencia electoral periódica o a la aceptación pasiva de decisiones verticales, la práctica de la CNTE instala una pedagogía social de la deliberación, de la crítica y de la acción colectiva.
Bajo el capitalismo se producen sistemas simbólicos destinados a naturalizar las relaciones de poder vigentes. Las clases dominantes requieren que sus intereses particulares aparezcan revestidos de universalidad. Para ello despliegan maquinarias de narrativas, imágenes, categorías y rituales cuyo propósito consiste en transformar relaciones históricas y contradictorias en supuestas evidencias inmutables. La educación, la escuela, los medios de comunicación, ciertas burocracias sindicales, los dispositivos publicitarios y........
