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¡Que Dios te bendiga!

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18.03.2026

Guadalupe, del pueblo ñuu savi, originaria de la Montaña de Guerrero, pensó que cruzar la frontera hace más de 30 años había sido de las decisiones más duras que tuvo que tomar en su vida. Sin embargo, nada se comparaba a lo difícil que fue dejar ir a su hijo a la Marina de Estados Unidos. 

Nicolás, de tan sólo 17 años, estaba por entrar al último año de la preparatoria cuando, después de una visita de los marines a su escuela, supo que aquello era su futuro. Se empecinó durante meses en que Guadalupe firmara el permiso que le posibilitaría comenzar sus entrenamientos. Guadalupe cuestionó los motivos para enlistarse; le explicó que si era por dinero, ella se esforzaría el doble para lograr que fuera a la universidad. Fue cuando Nicolás se sinceró: le dijo que él veía el esfuerzo que hacía para darle de comer a él y a sus hermanas, pero que en ese país estudiar era muy caro. Su madre le dijo que él no se tenía que preocupar por eso, pues saldrían adelante como siempre lo hacen, no importaría si tuviera que limpiar más casas para tener el dinero suficiente y terminar sus estudios. 

Las........

© La Jornada