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Primera Declaración de La Habana: "Cuba no falló"

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07.09.2026

No tardaron en aparecer los que sostuvieron --todavía lo hacen-- que aquel socialismo no era más que una importación del europeo en lugar de la catalización de un movimiento cultural subversivo que había comenzado décadas antes en la isla y que a partir de 1959 pasó a ser colectivamente protagonizado, y avalado como tal, por el pueblo.

Los prejuicios y clichés en torno al contenido (ideológico) de la Revolución Cubana han sido una constante dentro de un tipo de relato que la entiende subordinada a otros procesos hegemónicos y no como sujeto de sí misma: a la URSS y el campo socialista primero, y a Venezuela después. Dentro de esta línea destaca cierto esfuerzo por desvirtuar la autenticidad que ha caracterizado al proceso cubano; intentos sostenidos de anular su capacidad de autodefinirse, de reinventarse orgánicamente, y hasta su propia condición de ser y de existir.

Situarse del lado de los que aseguran que el comunismo llegó a Cuba como "calco y copia", como imposición soviética de última hora o cual conveniente "tabla de salvación" ante las amenazas del imperio del Norte, es desconocer --y renegar-- la vorágine transformadora y creadora cotidiana de aquellos meses que le siguieron al triunfo; así como de toda la historia acumulada hasta esa fecha.

Tan temprano como el 2 de septiembre de 1960, la todavía llamada Plaza Cívica se vio abarrotada con más de 1 millón de ciudadanos, entre ellos obreros, campesinos, intelectuales, estudiantes, amas de casa, niños, ancianos, etc., reunidos en "Asamblea General del Pueblo de Cuba". Aquel encuentro fue conocido a partir de su "Declaración de La Habana", la Primera, porque dos años después vendría la Segunda.

Para entonces ya no era una novedad que la capital se colmara de miles de cubanos llegando de recónditos lugares. Recuérdese, por ejemplo, la concurrida "Operación Verdad" (1959), que motivó el desplazamiento espontáneo y hasta la improvisación de medios de transporte para salir con tiempo, incluso, desde el centro del país para llegar al Palacio de la Revolución en La Habana. O el icónico acto por el 26 de julio en la misma Plaza (1959), del cual trascendió en imagen aquel "Quijote de la farola", que gracias al lente de Korda sirvió para aprehender mejor, desde la perspectiva de la imagen, el mar de gente allí reunida.

Las asambleas públicas y multitudinarias, espacios para el diálogo entre los........

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