Cuba sigue resistiendo
Cuba acelera en la transición energética: el apoyo de Pekín y Moscú marca la diferencia.
Colapsos totales, apagones rotativos, fábricas paradas, campos sin riego. Y una población agotada por el calor y la incertidumbre. Esta es la situación en la que se encuentra Cuba debido al criminal bloqueo energético impuesto por EEUU.
Pero el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, en una intervención nocturna en el programa televisivo Mesa Redonda(1), intentó trazar una línea de mejora: "Hemos logrado detener la caída de la producción nacional de petróleo y ahora podemos decir que estamos creciendo". Una declaración que suena casi a milagro considerando que la isla había pasado de producir 4,2 millones de toneladas equivalentes de combustible anuales a poco más de 2,2. Un colapso debido, explica el ministro, a la falta de financiamiento, repuestos, incluso neumáticos. Y también a las dificultades para transportar el crudo extraído.
El gobierno apunta a cerrar 2026 con 3,3 millones de toneladas producidas. Pero el problema de fondo, el que hace encender y apagar las luces en las casas de los cubanos, se llama combustible. Ese que es importado. El que se necesita para hacer funcionar los motores de la generación distribuida --esos miles de megavatios instalados que permanecen mudos porque no tienen combustible-- y el que alimenta las termoeléctricas cuando el sol se pone. Y aquí llega el giro, o al menos un intento de giro: el petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que llegó a finales de marzo con cien mil toneladas de crudo y que Trump no se atrevió a interceptar. No es una solución, como se apresuró a precisar el propio De la O Levy, pero sí una ayuda concreta. "Quien piense que resolverá el problema con un solo barco está equivocado. Necesitamos ocho al mes". Ocho barcos entre........
