La «independencia» de EEUU celebra 250 años de chovinismo y genocidio
El patrioterismo estadounidense sigue siendo la ideología dominante en EEUU, tanto en la derecha como en la izquierda y en el centro. El 250º aniversario de la independencia, que el país celebrará el 4 de julio de 2026, es una ocasión más para expresar el ultranacionalismo estadounidense y reescribir la sórdida historia de opresión y genocidio del país como una historia de «libertad».
Trump, héroe de los supremacistas blancos y los conservadores, ha declarado que «con una sola hoja de pergamino y 56 firmas, EEUU inició el mayor viaje político de la historia de la humanidad».
Obama, lo mejor que les ha pasado jamás a los liberales blancos estadounidenses, se muestra totalmente de acuerdo: «Dado que faltan pocas semanas para el 250º aniversario de EEUU, vale la pena recordar lo radical que era realmente toda la idea del autogobierno allá por 1776».
Añade que la Declaración de Independencia afirmaba «que todos somos creados iguales, dotados por nuestro Creador de ciertos derechos inalienables».
A continuación, Obama lanza una leve reprimenda por lo que parece ser un descuido por parte de los colonos blancos propietarios de esclavos que declararon la independencia:
Al constituir nuestra unión, los fundadores se quedaron muy lejos de cumplir la promesa de la Declaración, dejando intacta la esclavitud y permitiendo que los estados restringieran el derecho al voto a los hombres blancos que poseían propiedades; pero al redactar una Constitución y una Carta de Derechos, sí tuvieron la visión de futuro y la genialidad necesarias para dotarnos de un marco que permite a cada generación hacer nuestra unión más perfecta... Y a lo largo de más de dos siglos... «Nosotros, el pueblo» pasó a incluir no sólo a algunos de nosotros, sino a todos nosotros.
Si un sudafricano blanco afirmara que la creación en 1910 de la Unión Sudafricana --una colonia de pobladores basada en la supremacía blanca-- fue el primer paso para que, un siglo más tarde, Sudáfrica fuera inclusiva con las personas no blancas, dicha persona se enfrentaría, con toda razón, al ridículo y a la condena.
A los estadounidenses les enseñan descaradamente sus instituciones educativas y políticas y sus líderes --por no hablar de sus medios de comunicación corporativos, serviles y monótonos-- que EEUU es lo mejor que le ha pasado al mundo.
Con el 250º aniversario de la independencia de EEUU a la vuelta de la esquina, la mitología hegemónica de la benevolencia estadounidense sigue dominando el discurso político como una verdad incontrovertible.
El terror incesante que este primer Estado independiente ha impuesto --y sigue imponiendo-- a su propia población negra e indígena, a sus clases trabajadoras y al resto del mundo imperializado se reescribe como una historia de «libertad estadounidense».
La verdad, sin embargo, es que la independencia de EEUU fue, y sigue siendo, lo mejor que le ha pasado no al mundo, sino a los supremacistas blancos que lo habitan. Incluso los nazis celebraron la independencia de EEUU como precursora de su propio régimen. El historiador alemán Albrecht Wirth (1866-1936) escribió en su historia universal de 1934, dirigida a lectores nazis, que «el acontecimiento más importante en la historia de los Estados del segundo milenio --hasta la Guerra Mundial-- fue la fundación de los EEUU de América».
Añadió con seguridad que «la lucha de los arios por la dominación mundial recibió con esto su mayor apoyo».
El propio Adolf Hitler encontró inspiración en la república estadounidense. Consideraba la historia de la expansión de EEUU --en la que los colonos «redujeron a los millones de pieles........
