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El palestino aceptable

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16.09.2026

Cuando reivindica el retorno, cuestiona los límites trazados para su liberación o defiende la lucha armada. Entre uno y otro aparece una frontera invisible: la que determina qué debe pensar, decir y hacer un pueblo ocupado para merecer nuestra solidaridad.

Hay un palestino al que resulta relativamente fácil escuchar. Puede contar que perdió su casa, enseñar la llave que su familia conserva desde 1948, hablar del campo de refugiados donde nació, de los años que pasó en una prisión israelí, del hijo que perdió bajo las bombas o del olivar que los colonos supremacistas arrancaron. Puede llorar ante una cámara, pedir ayuda y denunciar la ocupación. Su sufrimiento conmueve y, mientras permanezca dentro de esa imagen, puede despertar una solidaridad enorme.

El problema comienza cuando deja de explicar únicamente lo que le han hecho y empieza a hablar de lo que piensa hacer frente a ello. Entonces ya no estamos solamente ante una víctima, sino ante un sujeto político. Y un sujeto político tiene objetivos, organizaciones, alianzas, estrategias y una idea propia de lo que significa liberarse. Es ahí donde comienza el examen. Al palestino se le pregunta qué condena, qué organizaciones reconoce, qué métodos considera legítimos, qué fronteras está dispuesto a aceptar y qué solución política debería asumir. Puede resistir, naturalmente, pero debe hacerlo de la manera correcta.

Hay algo profundamente contradictorio en esta relación. Cuanto más indefenso aparece el palestino, más fácil resulta abrazar su causa. El niño bajo los escombros no plantea demasiados problemas políticos. La familia expulsada de su casa puede despertar indignación. La anciana que conserva la llave de la vivienda de la que fue expulsada en 1948 puede convertirse en un símbolo universal del exilio. Pero la mirada cambia cuando esas mismas personas hablan de retorno, liberación o resistencia. Porque entonces dejan de ser únicamente víctimas de una injusticia que podemos condenar sin preguntarnos necesariamente qué consecuencias políticas debería tener esa condena.

Resistir, pero dentro de los límites

Buena parte del mundo político, mediático e institucional acepta unas formas de resistencia palestina con mucha mayor facilidad que otras. Pero esta mirada no se limita a gobiernos, instituciones o grandes medios. También atraviesa a una parte importante de los movimientos de solidaridad con Palestina y de la izquierda, que expresan su apoyo al pueblo palestino mientras establecen los límites dentro de los cuales consideran legítima su resistencia.

Se celebra la cultura palestina, se escucha a sus escritores, se aplauden las manifestaciones y se apoyan campañas internacionales. Incluso el boicot, presentado tantas veces como........

© La Haine