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Immanuel Wallerstein predijo la caída del imperio estadounidense

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09.09.2026

Immanuel Wallerstein creía que EEUU podía responder al declive imperial de dos maneras: convirtiéndose en una sociedad más progresista e igualitaria, o derivando hacia el neofascismo. Por desgracia, está claro cuál de estas tendencias es más poderosa hoy en día.

En julio de 2002, Immanuel Wallerstein participó en el programa matutino de llamadas en directo de C-SPAN. Acababa de escribir un ensayo para la revista Foreign Policy con un título provocador: «El águila ha aterrizado de emergencia». Wallerstein sostenía que la posición de dominio de EEUU en la escena mundial estaba en declive.

En el momento de su intervención, había transcurrido menos de un año desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la posterior invasión estadounidense de Afganistán. Bush estaba preparando a sus fuerzas armadas y a la opinión pública estadounidense para la invasión de Irak que comenzaría en marzo de 2003.

Cabe recordar que George W. Bush era una figura popular en aquel momento. El índice de aprobación del presidente alcanzó un récord del 90 % el septiembre anterior y se mantuvo por encima del 70 % cuando Wallerstein hizo público su mensaje sobre el declive.

Sin embargo, a Wallerstein debió de parecerle precisamente el momento adecuado para intervenir. Llevaba escribiendo sobre el declive de la hegemonía estadounidense desde principios de la década de 1980. No obstante, en aquel momento, entre las invasiones de Afganistán e Irak, aún creía que EEUU tenía la oportunidad de gestionar eficazmente su declive.

Wallerstein no creía que fuera posible prolongar indefinidamente el dominio global de una gran potencia. Consideraba que las grandes potencias alcanzan la hegemonía --un término que se refiere a un dominio global sin igual-- debido a factores económicos, políticos y militares que, en última instancia, también provocan la erosión de dicha hegemonía. El declive de la hegemonía estadounidense comenzó mucho antes del 11 de septiembre, con la recesión económica de la década de 1970 y la guerra de EEUU en Vietnam.

Para Wallerstein, EEUU se enfrentaba a la disyuntiva de todas las potencias hegemónicas en declive: declinar con dignidad o declinar precipitadamente. George W. Bush eligió lo segundo. Hoy en día, Trump ha acelerado aún más el declive de EEUU al desplegar de forma agresiva una de las pocas armas que le quedan a una potencia hegemónica moribunda: su ejército extremadamente poderoso. Y encima ser derrotado.

¿Por qué estaba en declive la hegemonía estadounidense? Para Wallerstein, la hegemonía estadounidense del siglo XX apenas difería de la hegemonía holandesa del siglo XVII o de la británica del XIX. Estas tres potencias (y solo estas tres, en su opinión) alcanzaron la hegemonía aprovechando una ola de fuerzas económicas que no podían controlar del todo e imponiéndose militarmente sobre un rival.

Tras su triunfo, la potencia hegemónica procedía a crear organizaciones a su imagen y semejanza. Los británicos, por ejemplo, se impusieron a Francia y luego crearon el Concierto Europeo en 1815.

Wallerstein no creía que fuera posible prolongar indefinidamente el dominio global de una gran potencia

El ascenso de EEUU a la hegemonía comenzó tras la recesión mundial de 1873. Según explicaba Wallerstein, la disminución de la cuota de Gran Bretaña en los mercados mundiales se debió a EEUU y a su principal rival, Alemania. EEUU se convirtió en un importante productor de acero y, posteriormente, de automóviles, mientras que Alemania se convirtió en un importante productor de productos químicos industriales. El auge económico de cada Estado se produjo tras una crisis política interna y una estabilización (relativa): en el caso de EEUU, la victoria de la Unión en la Guerra Civil; en el de Alemania, la unificación bajo el liderazgo prusiano tras la guerra con Francia.

Wallerstein interpretaba las dos guerras mundiales como una prolongada «guerra de los treinta años» entre los rivales. Señaló que las Provincias Unidas de los Países Bajos y Gran Bretaña también alcanzaron la hegemonía tras guerras que duraron unas tres décadas (en el caso neerlandés, esto se produjo tras la Guerra de los Treinta Años original, entre 1618 y 1648).

Tras imponerse a Alemania y a las potencias del Eje en 1945, los líderes estadounidenses creyeron que necesitaban tres cosas para mantener su prosperidad: en primer lugar, clientes internacionales para su producción industrial; en segundo lugar, un orden mundial que garantizara el comercio a bajo coste; y, en tercer lugar, una especie de pacto que asegurara que la producción no se viera obstaculizada.

Washington logró estos objetivos mediante la reconstrucción de Europa Occidental y Japón,........

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