Mucho más que un pulso de fuerzas
El discurso de Rubio en la Conferencia de Múnich, como ahora se reconoce casi universalmente, tuvo el mérito de aclarar lo que gran parte del Sur global sabe desde hace tiempo y lo que algunos políticos y analistas occidentales sostienen:
que la retirada táctica de EEUU, su aparente atrincheramiento en el hemisferio occidental no tiene ninguna relación con su reafirmada vocación hegemónica global.
Washington elegirá el cuándo, el cómo y el dónde, pero no dudará en utilizar la fuerza militar no solo para imponer su voluntad política, sino también para apoderarse literalmente de los recursos de otros países, siempre que lo considere necesario.
Despojado del lenguaje diplomático, aunque sea algo brutalista como el de Trump, es una declaración de guerra al mundo.
Y está muy claro que esta guerra tiene a Rusia y China en primera línea, ya que son los países mejor situados para contrarrestar las ambiciones hegemónicas de EEUU, incluso militarmente.
En los últimos años, al menos desde 2022, hemos visto varios ejemplos de esta estrecha sinergia entre las ambiciones hegemónicas y el uso de la fuerza, empezando por Ucrania, donde se puso en marcha una estrategia planificada desde hacía tiempo, destinada tanto a debilitar a los vasallos europeos como a la derrota política y militar de Rusia.
En ese caso, la mayor inversión militar de las últimas décadas, el resultado fue, al menos en lo que respecta a Rusia, un completo fracaso. No solo Moscú, tras cuatro años de guerra, está ganando decisivamente en el campo de batalla --obligando a Washington, entre otras cosas, a hacer todo lo posible por desvincularse del conflicto--,........
