Matrimonio mixto
El Mundial de 2010 lo vi de pie en un bar de Malasaña en el que no cabía un alfiler ni una opinión, apretado entre desconocidos que a las doce menos cuarto de la noche ya eran hermanos míos, y cuando Iniesta marcó en el minuto 116 abracé a un señor mayor que olía a Varon Dandy y que lloraba como se llora en los aeropuertos. Anoche, en cambio, vi la final contra Argentina sentado en el salón de mi casa, en un sofá partido por la mitad por una frontera invisible que ninguna cancillería reconoce: a un lado yo, con la camiseta de España, y al otro mi mujer, porteña, envuelta en una bandera albiceleste que guarda planchada desde lo de Qatar. El matrimonio mixto es una figura diplomática que no estudió Metternich.
La final llevaba semanas anunciándose en casa como se anuncian las borrascas, con partes diarios y recomendaciones de protección civil. Yo había propuesto verla en bares separados y la propuesta me fue rechazada por dividir a la familia en tiempos........
