Café, copa y Sánchez
Las sobremesas tienden inevitablemente a la política. Así lo dicta la termodinámica de los almuerzos. El aperitivo fue concebido como calentamiento, un peloteo a base de conversaciones anodinas y espuma de palabras. La transición entre el primer plato y el segundo, o entre el segundo y los postres, queda reservada para los temas de calado y las noticias importantes, de esas que frenan la cuchara y manchan el mantel. Luego, café, copa y Sánchez. Porque Sánchez es inexorable: todos los males vienen de él; y si no de él, de Zapatero, que fue Sánchez antes de Sánchez. Se le profesa un odio africano, pero también un temor supersticioso. Entre sorpresas, relatos y diegos que fueron digos, el presidente siempre parece caer de pie. Como Franco, Sánchez tiene baraka.
En cualquier caso, era cosa soportable. Las sobremesas, aunque por estas tierras parezcan infinitas, en realidad no lo son. Por más que se demoren,........
