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García Lorca, 90 años

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14.08.2026

Es uno de los casos de apropiación más escandalosos de nuestra historia. La figura de Federico García Lorca ha sufrido una distorsión interesada durante décadas de hegemonía progre en la cultura y las letras. Lo han presentado casi como a un miliciano, una figura del antifascismo, tentación para quienes, incautos, siguen la lógica del espejo mirando a sus verdugos en aquella infame madrugada agosteña del treinta y seis. Si A, entonces B.

Pero su vida, obra y muerte fueron mucho más complejas. A decir de sus contemporáneos, Lorca jamás tuvo filiación política. Estaba muy por encima del activismo tan propio de su época. Soy anarquista espiritual, sin militancia ni servidumbre, declara él mismo, que cree —cuánta razón llevaba— que la adhesión ideológica coarta la libertad creativa del escritor. Así lo dice en una entrevista radiofónica en Buenos Aires en clarísima alusión a Rafael Alberti, afiliado al PCE y vocero de Moscú. Si acaso, confiesa su predilección por el partido de los pobres, pero de los pobres buenos, matiza.

Estamos ante el escritor español —con permiso de Cervantes— más publicado y traducido en el extranjero de toda la historia, que se dice pronto. Sin embargo, el trato dispensado a Lorca es de artista de la ceja o de víctima de la guerra, como si no hubiera sido nada más. Ya sabemos que a los propagandistas más vociferantes —que hasta........

© La Gaceta