La prioridad, giro copernicano
Con la introducción de la prioridad nacional, lo que se dice en la calle alcanza las moquetas. ¿No era eso de lo que se trataba?
Las reacciones son un esperpento. «Línea roja», decía El País. Pactar con ETA, amnistiar a los golpistas, regalar el Sáhara… eran anecdotillas. Hay que entenderles. La prioridad nacional es un giro copernicano porque veníamos de la postergación nacional, donde lo nacional solo se aceptaba para romperlo en los pedazos de lo plural.
En la derecha se viene de Rajoy, cuya nada (collonadas) hemos vuelto a escuchar. Ese vacío suyo que daba ansiedad lo llenaron los centristas de Ciudadanos con su ciudadanismo. Tuvo su momento y su buena intención pero era tomar la salida fácil ante el problema nacional. Reducían el hecho español a una cuestión administrativa. Ojalá fuera tan sencillo. La inmigración masiva complica las cosas pero también las reduce al absurdo. Si meten cinco millones de personas y se les dan papeles, serán tan españoles como el que más. De modo que, igual que hay una maquinita de imprimir billetes, hay una de crear españoles… Si le preguntásemos a un billete, se quejaría, ¡ya no valgo apenas! pero los españoles ni controlan la maquinita, ni pueden........
