El discrepante
Ha acabado en EE. UU el juicio a Lindsay Clancy, la mujer que asesinó violentamente a sus tres hijos. A primera vista, diríamos que lo normal sería una condena, pero quien supiera algo del caso podía apostar por la absolución, con el argumento del estado psicótico de la madre, una enajenación asociada al posparto que la llevó a no distinguir el bien del mal ni las consecuencias de sus actos. En este caso, Lindsay oyó una voz. Y a las feministas, terribles feministas, solo les faltó añadir que era la voz del patriarcado diciendo: mata, mata, mata a tus hijos.
El resultado no fue uno ni otro, sino la nulidad, porque el jurado........
