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Sánchez contra el mundo

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Como explicaban los mejores pensadores políticos, el poder —cualquier poder, también el más autoritario— descansa en última instancia en la opinión pública. Se ha dicho por activa y por pasiva, por lo expreso y por lo tácito. Quizá quien lo formuló con más claridad fuese David Hume en Of the First Principles of Government (1741): «Los gobernantes no tienen nada que los sostenga salvo la opinión. Por tanto, sólo sobre la opinión se funda el gobierno». Y Hume añade expresamente que esto vale tanto para los gobiernos despóticos y militares como para los libres y populares.

Dos siglos antes, La Boétie, en el Discurso de la servidumbre voluntaria (1548), había constatado que el tirano no tiene más poder que el que el pueblo le presta. En La democracia en América (1835-1840), Tocqueville describe el «imperio moral de la mayoría» como la fuerza característica de la democracia. Ortega y Gasset remacha: «Jamás ha mandado nadie en la tierra nutriendo su mando esencialmente de otra cosa que de la opinión pública».

La democracia vino........

© La Gaceta