Cercas, la inmigración y la ética
He leído con interés la columna de Javier Cercas sobre Ceuta titulada «Por qué necesitamos acoger a los emigrantes«. Empezaré concediéndole que, pese a sus conocidas veleidades ideológicas, afea al gobierno su negligencia. Habla de «torpeza» y «gandulería», términos bastante exactos, aunque hay otros que él no menciona y yo añadiría (por ejemplo, «connivencia»). No obstante, enseguida chapotea en el error que atraviesa su pieza: confundir ética y política. Que exista un deber moral de socorrer al necesitado no determina una política migratoria. La moral debe informar la política —sólo faltaría—, pero no puede sustituirla, porque son planos distintos de complejidad y de agencia. «Hay que ayudar a quien sufre» no responde a cuántas personas debe admitir España, cuáles, por qué vías y con qué límites.
Del deber moral de socorrer al necesitado no se deduce una política migratoria. Las instituciones tienen obligaciones, pero estas no coinciden con nuestros deberes interpersonales. Cercas, en cambio, cree que, establecido un deber moral genérico de hospitalidad, la política de acogida va de suyo. De partir de sus propias premisas, tendríamos que preguntarle cuántos inmigrantes tiene acogidos en su casa; una pregunta ridícula, pero razonable según su propia lógica. Salvar al náufrago es una cosa; conceder residencia, otra; dar asilo al perseguido, igualar a quien huye de una guerra con quien es usado por un vecino deshonesto para guerrear híbridamente y admitir inmigración económica, otras; etcétera. El autor de Soldados de Salamina mete problemas moral y jurídicamente diferentes en el saco emocional del verbo «acoger». Pero gobernar consiste justamente en deshacer ese saco, es decir, en establecer criterios y límites. Todo sistema migratorio «ordenado y racional»........
