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Aura

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Nada de echarse las manos a la cabeza ni de ponerse estupendos: todos hemos sido jóvenes y hemos caído en modas bastante más tontas que la de farmear aura. Hubo un momento en que cientos de millones de personas —adultos incluidos— consideraron razonable ponerse en fila en bodas, bautizos y fiestas patronales para perpetrar la Macarena. La fiebre de ahora empezó a hacerse masiva en TikTok en 2024. El primer vídeo que popularizó el fenómeno rondó los tres millones de reproducciones en un mes; poco después hubo otros por encima de veinte millones. En 2025 un niño indonesio de once años, Rayyan Arkan Dikha, se hizo mundialmente famoso bailando con extraordinaria parsimonia sobre la proa de una embarcación tradicional de las carreras Pacu Jalur; internet le puso de banda sonora Young Black & Rich, de Melly Mike, y el resto, como suele decirse, es historia. Este verano la cosa se ha ido de madre y han proliferado las batallas de aura incluso en suelo patrio. Pero lo dicho: quien esté libre de haber compartido con muchos alguna memez, que tire la primera piedra.

Punto y aparte. Lo del aura tiene más interés del que parece. Para los jóvenes, tener aura es transmitir carisma, presencia y una seguridad que hace que los demás te perciban como alguien admirable o «cool» mientras tú actúas casi sin esfuerzo. Digamos que es una elegancia del carácter, pero trastocada en las «batallas», porque en ellas se cosecha —farmear es eso— a través de tontos bailecitos y gestos. Hay, no obstante, una intuición moral interesante de fondo, la de........

© La Gaceta