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Hipocresía

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26.06.2026

Cuando en 1993, después de abatirle, la policía colombiana entró en la hacienda de Pablo Escobar, descubrió que entre las carísimas extravagancias que el narco había ido atesorando a lo largo de su dilatada carrera criminal figuraba un zoológico con más de mil doscientos animales exóticos. Este fue el dato que retuvo la audiencia. Después de que Colombia atravesara uno de los periodos más sangrientos de su historia, la impunidad de un delincuente, su escandalosa capacidad para poner en jaque al entero aparato institucional de una nación se resumía en una imagen asombrosa: cuatro ejemplares de hipopótamo retozando en el lodo de una finca selvática.     

Aquí también disfrutamos de nuestra propia ciénaga y, a medida que profundizamos en ella, nuestro estupor se agrava. Ahora bien, ya no nos sorprende el hecho en sí de la corrupción, el espesor de las tramas, los vasos comunicantes por los que, fluyendo de una institución a otra, se extiende y se adensa la podredumbre. En este apartado, acusamos cierta insensibilidad. Con las joyas del expresidente Zapatero se llegó a un punto, casi cenital, a partir del cual es complicado seguir escalando. Digamos que ese suntuoso hallazgo de la policía ha........

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