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Europa y el fuego

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30.07.2026

Fue siempre, desde el principio, la coartada ideal para cualquier ampliación del poder, la razón perfecta para cualquier nuevo recorte de libertades, la justificación de toda rapiña pública y la mejor excusa para eludir la responsabilidad de los gobernantes, un don del Cielo para los poderosos que, de no existir, lo hubieran inventado. Qué digo: de hecho, lo inventaron.

Pero el «cambio climático», como dogma rector de la acción política, ya no hay por dónde cogerlo. Racionalmente, incluso creyendo a pies juntillas y con esa fie ciega y operativa que nos exigen nuestros mandarines los informes del IPCC —en el último de los cuales, por cierto, admiten que se les ha ido la mano con el catastrofismo—, carece de sentido basar cualquier medida política en los esfuerzos para evitarlo o retrasarlo.

Vamos a aceptar, por mor del argumento, los cuatro puntos del dogma: que el clima está cambiando de forma permanente y no estamos ante meras oscilaciones temporales, que la culpa la tiene el carbono emitido a la atmósfera por la actividad industrial, que........

© La Gaceta