La respuesta a la soledad está en volver a construir comunidad
El capitalismo no organiza solamente nuestro trabajo. Organiza buena parte de nuestro tiempo, nuestras posibilidades y hasta las condiciones en las que construimos nuestros vínculos.
Por Alicia Pérez Guzmán*
Hay personas que están rodeadas de gente y, sin embargo, se sienten solas. Tienen pareja, hijas e hijos, familia, amigas y amigos, compañeras y compañeros de trabajo, grupos con los que se encuentran habitualmente. Hablan todos los días con alguien, reciben mensajes, quedan para tomar un café, comparten comidas, hacen planes. Desde fuera, puede resultar difícil entender que puedan sentirse solas.
Pero cuando empiezan a hablar de lo que les ocurre aparece otra cosa. No sienten que tengan a alguien con quien puedan sentarse y decir realmente cómo están. No es que no tengan a quién llamar. Es que no saben a quién podrían llamar para hablar de aquello que de verdad les preocupa.
A veces incluso tienen personas muy cercanas, pero hay cosas que no pueden compartir con ellas. No quieren preocupar a sus hijas o hijos. No quieren cargar a sus amigas y amigos con sus problemas. Con su pareja prefieren no hablar de determinadas cuestiones porque saben que terminarán discutiendo, porque sienten que no les entenderá o porque llevan tanto tiempo funcionando de una determinada manera que ya ni siquiera saben cómo empezar esa conversación.
Y entonces ocurre algo extraño: podemos tener una vida llena de relaciones y sentir que nadie sabe realmente cómo estamos.
Vivimos rodeadas y rodeados de comunicación. Hablamos constantemente, enviamos mensajes, contamos lo que hacemos, dónde estamos, qué hemos comido o qué vamos a hacer el fin de semana. Pero hablar mucho no significa necesariamente sentirnos acompañadas o acompañados.
Hay una diferencia entre contar lo que hacemos y poder contar lo que nos pasa.
Podemos pasar una tarde entera con una amiga hablando de todo y volver a casa sin haber dicho aquello que realmente necesitábamos decir. Podemos conversar con nuestra pareja sobre la casa, el trabajo, las criaturas, las compras, las vacaciones y todas las cosas que hay que resolver, y no encontrar nunca el momento para decir: «No estoy bien».
A veces ni siquiera sabemos cómo hacerlo.
Nos hemos acostumbrado tanto a seguir funcionando que mostrar nuestra vulnerabilidad puede parecernos una carga para las demás personas.........
