Cinco siglos de saqueo y miseria programada: Origen y desarrollo de la élite rentista en la historia de Chile
Este artículo está dedicado a la memoria de don Eduardo Ernesto Gómez. Excelente esposo y padre; cuyo ejemplo de inteligencia, tenacidad y bondad germina diariamente en su amada familia y en las personas que lo conocieron.
La mentalidad rentista de la élite chilena constituye una estructura profunda que ha persistido a través de más de cinco siglos de historia. Esta característica define un comportamiento económico donde las élites no acumulan ganancias mediante inversión en capacidades productivas y tecnológicas nuevas, sino apropiándose de rentas a través del control privado de activos, recursos o infraestructura estratégica.
Este ensayo examina cómo se formó y consolidó esta mentalidad desde la conquista española hasta el siglo XXI, centrando el análisis en la continuidad del rentismo a través de los hitos históricos fundamentales.
José Miguel Ahumada, profesor del Instituto de Estudios Internacionales y director de Rumbo Colectivo, ha planteado que el estancamiento económico de Chile comenzó a fines de los años 90 del siglo XX, y que ni el boom de los commodities de la década del 2000 pudo hacer que la economía recuperara su dinamismo. La causa es más estructural y no está en la dimensión política, sino económica, específicamente en el tipo de clase empresarial que existe en Chile.
-El influjo español: Conquista, Colonia y la fundación del latifundio
La conquista española de Chile, iniciada por Pedro de Valdivia en 1540, estableció las bases fundamentales de la mentalidad rentista mediante el sistema de encomiendas y la distribución de tierras a través del latifundio. Este sistema creó una estructura donde la élite criolla obtenía su poder no mediante la producción industrial o el comercio dinámico, sino mediante el control de la tierra y la extracción de renta agrícola sin inversión en modernización tecnológica.
Durante la Colonia, el modelo económico se centró en la extracción de recursos y el control de tierras, no en el desarrollo productivo. Las élites criollas aprendieron que el poder se conseguía mediante el control de activos (tierra, minas) y la extracción de renta, no mediante la innovación tecnológica o la industrialización. Esta mentalidad de apropiación de recursos sin desarrollo productivo interno se convirtió en el paradigma que persistiría en la élite chilena.
Gabriel Salazar Vergara, Premio Nacional de Historia 2006 y fundador de la Nueva Historia Social, ha señalado que su visión de Chile era «trabajadores al centro, callamperos por un lado y conventillos por el otro«.
Salazar se ha destacado por estudiar a sujetos que no habían sido considerados mayormente por la historiografía chilena: labradores, peones, proletarios, mujeres, niños huachos, en contraste con los historiadores tradicionales que se focalizaban en las clases dirigentes. En su obra Mercaderes, empresarios y capitalistas (Chile, siglo XIX) (2009), Salazar analiza la evolución de la élite empresarial chilena, mostrando cómo desde el siglo XIX se consolidó un modelo de acumulación basado en la extracción de rentas más que en la inversión productiva.
-La Independencia de Chile: La continuidad del rentismo criollo
La Revolución y Guerra de Independencia en Chile se desarrolló en el contexto de los movimientos emancipatorios de fines del siglo XVIII e inicios del XIX. Las élites criollas tomaron contacto con las nuevas ideas que contribuían a criticar el dominio español sobre América, pero su motivación económica era fundamental: poseedores de riqueza basada en la propiedad de grandes extensiones de tierra, deseaban aprovechar la coyuntura para poner término a los abusos que aquejaban las provincias hispanoamericanas.
El movimiento, en su etapa inicial, estuvo representado por la formación de juntas de gobierno y fue liderado por la aristocracia local que deseaba mejorar la administración y alcanzar una mayor autonomía. La existencia de élites criollas en proceso de maduración y deseosa de lograr la autonomía política fue un elemento clave.
Sin embargo, la Independencia no transformó la mentalidad rentista. La élite criolla, ya poseedora de riqueza basada en la tierra, mantuvo el modelo de extracción de renta agrícola sin inversión en modernización. La Independencia fue más un cambio de administración política que una transformación del modelo económico rentista. La aristocracia local continuó su apropiación de rentas del latifundio, demostrando que el cambio político no alteró la estructura económica de apropiación de rentas.
Julio Pinto Vallejos, también Premio Nacional de Historia y coautor de la «Historia Contemporánea de Chile» junto a Gabriel Salazar, ha cuestionado cuál fue el verdadero rostro social del régimen portaliano y su postura frente a la mayoría plebeya que la ruptura independentista aparentemente había convertido en una fuente significativa de desorden político y social. Pinto ha mostrato cómo la construcción social de la nación (1810-1840) excluyó sistemáticamente los sectores populares, permitiendo que la élite criolla mantuviera su modelo rentista sin contrapesos sociales.
-La Guerra Civil de 1829-1830: Consolidación del orden conservador portaliano
La guerra civil de 1829-1830 se originó por la elección de José Joaquín Vicuña como vicepresidente, quien había quedado en cuarto lugar en las elecciones, lo que llevó a los pipiolos a rebelarse. El ejército pipiolo, liderado por Ramón Freire, fue derrotado por las fuerzas peluconas de José Joaquín Prieto en la batalla de Lircay.
Tras la guerra, Prieto fue elegido presidente y estableció un sistema político conservador mediante la nueva Constitución de 1833. Este evento consolidó el comienzo de la denominada «época portaliana». Diego Portales logró dar forma a un Estado autoritario, impersonal y virtuoso, que generó un orden institucional estable, el progreso de toda la nación y el respeto por los intereses de la aristocracia.
Alberto Edwards Vives, en su obra fundamental La Fronda Aristocrática en Chile (1928), fue el primero en señalar explícitamente la coincidencia entre el predominio de la aristocracia y el buen gobierno, la estabilidad, el orden y el progreso del Chile decimonónico… El Estado «en forma«. Edwards identificó la evolución de la aristocracia en oligarquía y su desmoronamiento, y con ello la decadencia del país. Su obra constituye un hito en el estudio de las minorías chilenas dominantes porque aborda el estudio de las élites chilenas como conjunto, caracterizándolas en sus rasgos esenciales, concentrándose en el comportamiento colectivo, los intereses y la mentalidad política del sector aristocrático.
La guerra civil de 1829-1830 consolidó el poder de la élite terrateniente, que continuó su modelo de apropiación de rentas agrícolas sin inversión en modernización tecnológica. La Constitución de 1833 estableció un sistema que protegía los........
