2119, en el corazón del desastre
Vaya por delante una anécdota: consulto en el buscador con el fin de ver si en algún momento escribí algún artículo sobre Ian McEwan, y…¡cáspita! La sabionda IA me convierte en un verdadero experto de la obra del británico, al que -según leo- me he referido con frecuencia y hasta se afirma que en algunas tertulias que he dinamizado se incluyen algunas novelas del autor. Nuca te acostarás sin saber una cosa más…¡pues eso!
Lo que sí que corresponde a la realidad es que he leído algunos libros del autor de la recién publicada, «Lo que podemos saber», entre ellos -además de Expiación. El inocente, y Amsterdam– recuerdo Máquinas como yo, por asociación, en donde se mostraba un escenario en que los avances de la inteligencia artificial son fulgurantes hasta el punto de que el protagonista se compra un androide…Por otra parte, tras el 11S de 2001, el escritor, como otros (Don DeLillo, Paul Auster, Jonathan Safran Foer, o Jonathan Franzen), adoptó tonos apocalípticos en alguna de sus novelas: Sábado.
El escritor nos lleva a un ambiente cultural, literario, en que se encuentran diferentes escritores y profesores, lo que hace que se den intercambios de opiniones sobre poesía, narración, y…ciencia, subrayándose que se dedican más fondos y atención a las disciplinas que se encuadran dentro de dicho campo que a los estudios de humanidades que son como los hermanos pobres. Al mismo tiempo se van desgranando algunas relaciones amorosas y afectivas, con algunos cambios de pareja, y ciertas culpabilidades que los acompañan. Todo esto se da en torno a una celebración de una Segunda Cena Inmortal, celebrada en 2014, que repetía la anterior que tuvo lugar en 1817. en la que se juntaron las luminarias literarias de la época: William Wordsworth, John Keasts y Charles Lamb entre otros. Este segundo........
