El problema no es Chomsky, somos nosotros
La adoración de personajes públicos, a los que se atribuyen enormes méritos, llegándose a convertirlos en “casi dioses”, es un problema que se arrastra desde mucho tiempo atrás en las izquierdas y en los movimientos emancipatorios. Se exaltan virtudes, pero nunca defectos. Se inventa una realidad en tonos de blanco o negro excluyendo matices, los grises y todo aquello que pueda opacar al personaje endiosado.
La propia palabra gris es usada como adjetivo. “Una persona gris”, es aburrida, sin méritos, incapaz de atraernos o concitar nuestra atención, menos aún algún tipo de admiración. Sin embargo, la realidad está pintada en múltiples colores y es mucho más rica que el binario blanco-negro. Con ese clivaje, las más de las veces pretendemos calmar nuestras incertidumbres, huyendo de los incómodos matices que tanta inseguridad nos provocan. Porque, admitamos, el ser humano blanco y occidental busca desesperadamente la seguridad.
Muchas personas de izquierda admiten que el culto a la personalidad de Stalin fue algo negativo, per aceptan el culto a Lenin o a Marx, por ejemplo. Creo que en este........
