¿Qué nos queda por transformar?
Hay una palabra que prácticamente ha desaparecido del lenguaje político: emancipación. No es casual. Cuando una izquierda deja de preguntarse de qué debemos emanciparnos, termina reduciendo la política a administrar el Estado, repartir cuotas de poder, defender conquistas parciales y sobrevivir a la siguiente elección. Y cuando la derecha llega diciendo que todo eso debe ser demolido, consigue presentarse como la única fuerza capaz de producir un cambio. Ahí está una de las grandes tragedias de nuestro tiempo: la izquierda dejó de imaginar la transformación y la derecha comenzó a apropiarse del lenguaje del cambio.
Pero este no es solamente un problema electoral. Es un problema histórico. Bolivia atraviesa hoy una disputa alrededor del ajuste, los combustibles, el endeudamiento, la soberanía y el papel del Estado. El gobierno de Rodrigo Paz eliminó el subsidio al diésel argumentando que debía enfrentar la escasez y corregir las distorsiones del sistema. Pero la discusión no puede agotarse en saber si una medida fiscal es técnicamente conveniente. La pregunta política es otra: ¿qué sociedad queremos construir y quién decide el rumbo de esa transformación?
Y la tendencia generalizada es resignarse. Esperar que alguien nos diga qué hacer, aceptar que no hay alternativa, asumir que las cosas son demasiado complejas para........
