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Viaje a Birán

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19.08.2026

Desde la ventanilla, miro en retrospectiva los kilómetros que dejo atrás, porque los viajes se parecen mucho al acto de crecer: sean cortos o largos, uno nunca sabe con certeza cuándo deja de viajar o de madurar. Y como mi destino es Birán, hago recuento de una vida marcada por aquella otra vida que germinó en ese punto exacto de la geografía cubana.

Los primeros 30 kilómetros son veloces, de esos que uno recuerda más por quienes le acompañan que por decisión propia. Del círculo infantil me llega la melodía que hablaba de un Fidel que vibra en las montañas; en casa me insistían en modular bien las palabras, porque lo que se cantaba era algo grande, sagrado. Imaginar a un hombre del tamaño de las montañas, a esa edad, no era difícil de dibujar, pero sí de comprender… y hasta los niños más pequeños sabían que debíamos cantar, y cantar bien.

Más adelante, las primeras paradas me sitúan en la escuela primaria. Allí entendí al Fidel impulsor del........

© Juventud Rebelde