El don de las pequeñas cosas
Preocuparse, analizar y compartir hasta ciertos miedos con nuestros coterráneos ante un panorama internacional plagado de sorpresas bélicas y tensiones geopolíticas resulta típico (hasta coherente) en cualquier barrio avileño.
Y fíjese que mientras dialogaba recientemente con un conocido, este me preguntaba que, por qué el gobierno de Cuba no cede ante las propuestas de su homólogo de los Estados Unidos y citó como ejemplo la complacencia imperial desde la convocatoria a supuestas elecciones libres. Así, según esa persona, podríamos vivir mejor económicamente en la Isla. También adjuntó que el bloqueo es un mito.
Rápido riposté, y por qué razón habría que hacerlo, si cada pueblo es como es, con virtudes y defectos, con total derecho a la autodeterminación, a diseñar sus estructuras de funcionamiento en los diversos ámbitos, a ejercer la autocrítica y generar transformaciones, porque de veras hacen falta.
Pero Cuba, por suerte o naturaleza, se yergue aún estando bloqueada (porque el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos, retratado ahora desde el perfil del combustible, sí existe), aunque reconozco también la convergencia de otros bloqueos que se escudan en la burocracia, en las fragilidades del control interno y en las gratuidades sociales, que tras el interés del Estado por enfrentar vulnerabilidades, no siempre se agradecen.
Pero esa es ya otra historia. Cuando aprecio ciertos comportamientos no deja de sorprenderme la cubanía, la capacidad de los nacidos en la Isla para ser creativos, solidarios, humanos. Reafirmo entonces que, cuando de cubanos se trata, el sacrificio honra, visualizado en esa repercusión explícita de lo que pudiéramos denominar el don de las pequeñas cosas.
El 2026 figura como un año de complejidades cada vez más agudas, donde se tensa más la situación internacional en el Medio........
